|
Inicio
/
Descúbrela /
Cuaresma
/
Meditaciones... |
|
El nos ama personalmente.
FUENTE: VIVE LA SEMANA SANTA
Evangelio según san Lucas: 13, 1-9 Señor, hoy me encuentro frente a ti, para tener estos minutos de oración y darme cuenta de qué es lo que tú quieres para mí en este día. Hoy es domingo, he tenido una semana llena de actividades, estoy cansado, pero ayúdame a mantenerme en oración, a no distraerme y tener estos minutos sólo para ti. Quiero realmente tener un diálogo íntimo contigo.
Gracias, Señor, por todo lo que me has dado, gracias por este nuevo día, gracias porque me has llamado al cristianismo y gracias por darme la oportunidad, hoy, 3er Domingo de Cuaresma, para estar frente a ti en oración. Quiero pedirte Señor que aumentes mi fe, para verte en todas las cosas: en los momentos buenos, en mis dificultades, en mis penas y preocupaciones. Aumenta también mi esperanza para tener la confianza de saber que tú, por ser infinitamente bueno, quieres lo mejor para mí y por lo mismo ayúdame a saberme un instrumento tuyo para transmitir tu amor. Por último, Señor, te pido que aumentes mi amor por ti para poder adorarte con mis actos de este día. Dios nos dice que es necesario aprender a despojarnos de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, criterios y comentarios, para que sea él el que realmente viva en nosotros. A lo largo de todas las lecturas de hoy, nos demuestra que Él nos ama personalmente, como si fuéramos los únicos en este mundo. Nos ama con un amor infinito, imposible de imaginar con los ojos humanos. En la Primera Lectura nos muestra cómo Él se da cuenta de los problemas del mundo. Ve y conoce los sufrimientos de los israelitas y por eso se le aparece a Moisés en la imagen de esa zarza ardiente que no se consumía, ¡impactando a Moisés! y demostrándonos que él es el amor infinito, un amor que es imposible de apagarse y que siempre está presente… no se consume. Vivimos en un mundo que sufre mucho. Vemos las guerras, las discriminaciones, la pobreza, personas que mueren de hambre, enfermedades incurables, muchos desastres naturales, la crisis económica, y así podemos seguir nombrando una gran lista. ¿Será que por fin se consumió esa zarza?, ¿Es cierto que Dios nos sigue amando?... A veces podemos caer en esa tendencia humana y dudar de ese amor infinito de Dios. Todo nos parece sufrimiento si no tenemos a Cristo en nuestra vida. Podemos caer fácilmente, como muchos lo hacen, en revelarnos contra Dios y decir que ya no nos ama. El mismo Evangelio de hoy nos dice que 18 personas mueren al ser destruida la torre de Siloé. Hoy prendemos las noticias y esos números se multiplican. Entonces, ¿dónde está Dios? ¿dónde está su amor? ¿dónde está ese Moisés que Dios envió para librar a los israelitas del imperio egipcio? Nos podemos quedar esperando, contemplando el mundo y sus problemas, hasta que llegue alguien que nos libre de todo esto. No nos damos cuenta que Dios sigue enviando “moiseses” al mundo. No nos damos cuenta que ese Moisés que Dios envió para salvar a Israel somos cada uno de nosotros. Él nos llama con nombre y apellido a ser cristianos auténticos. ¿Qué estoy haciendo para ayudar a mejorar el mundo? En la Segunda Lectura nos dice que Dios ama a su pueblo, pero luego “la mayoría de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto”. Dios nos invita a ser sus apóstoles incansables cada día, a cada segundo, a vivir centrados en Cristo. Nos invita a eliminar esa pereza que se apodera de nosotros y dar ese paso de generosidad. El Evangelio de hoy nos narra la historia de un hombre que quiere cortar un árbol de su propiedad porque no da frutos. Habla con su empleado y el trabajador sabiamente le dice que se espere un año más, que él podará el árbol, le pondrá agua y cavará a su alrededor para que dé frutos. A veces podemos quedarnos en esa contemplación del mundo, pero no hacemos nada para mejorarlo. El mundo es como ese árbol que no estaba dando frutos hasta que ese empleado (yo, tú, nosotros), comenzó a trabajar en él para que realmente dé frutos y lo tenga en abundancia. Señor Jesús, ayúdame a ser tu apóstol generoso para que pueda llevar muchas almas a ti con mi buen ejemplo en este nuevo día.

|