Después de anunciar Jesús a sus discípulos que iba a padecer y morir, fue a Jerusalén a celebrar la Pascua. Allí fue apresado, juzgado y crucificado, por amor a nosotros y al Padre, ganándonos la vida después de la muerte porque después resucitó y se apareció a sus discípulos.
Lo que ocurrió entonces, ocurre hoy delante de mis ojos y en mi vida.
Jesucristo vive cada Semana Santa, Él es el protagonista. Eso es lo grande de la Semana Santa, no es sólamente un recuerdo, pues Cristo ha ganado el cielo no sólo para el hombre de ayer, sino también para el hombre de hoy.