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La muerte, ese enigma

FUENTE: VIVE LA SEMANA SANTA
Autor: Victor Alejandro Ramírez L. C.

Una fría lápida, unas flores algo marchitas, una frase melancólica y una imagen religiosa… debajo, los restos de cualquier persona, ayer los de uno, hoy los de otro, mañana quizá los míos. Después de la muerte, unas pocas lágrimas, unas cuantas visitas al cementerio y tu historia que se sumerge en un recuerdo remoto cubierto por la inexorable niebla del  tiempo. El hombre desde que nace, empieza a morir. La muerte poco a poco nos va dando bocados, hasta que termina de engullirnos por completo. ¡Qué sería del hombre si todo acabase ahí! Afortunadamente no es así. La muerte, ese enigma que ninguna ciencia ha podido resolver, ya no tiene la última palabra.

La única salida ante esta realidad es la esperanza, la esperanza en un cielo, la esperanza en un Dios que todo lo ve. Es difícil comprenderlo, pero mientras no se encuentre otro sentido a la muerte, que el de llegar al cielo, no podemos negar la existencia de un cielo, la existencia de Dios.

Si se niega a Dios, se borran todas las respuestas que surgen ante la muerte. Dios y sólo Dios puede dar respuesta y luz a esta difícil realidad. Ni la biología, ni las matemáticas, ni la psicología, ni la filosofía ni ninguna otra disciplina a lo largo de la historia ha podido explicar el misterio en el que concluye la vida humana. Sólo una imagen, la de Cristo muerto y resucitado por amor a nosotros es el faro que ilumina nuestra oscuridad ante la partida de este mundo.

Qué hermoso es estar preparados, dispuestos para ese momento, con la seguridad de que aunque seamos olvidados en el mundo y nuestros restos queden reducidos a cenizas, existe otra vida, otra vida plena, otra vida feliz con Cristo Resucitado.

 

 

 

 



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