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El pésame a la Virgen

FUENTE: PA´ QUE TE SALVES


Acompañar a María en su dolor.
.Recordemos que María es nuestra madre, que se interesa por nosotros y sufre con nuestro dolor como lo hizo con Jesucristo.
.Adquiriremos una actitud de confianza en María que nos acompaña en los momentos de dolor.

En este Sábado Santo, todos los cristianos acompañamos a nuestra Madre María en su profundo dolor maternal por la muerte de su Hijo único. Imaginemonos a María, como en esa gran escultura de ´La piedad´´, llorosa observando y sosteniendo el cuerpo frío de su Hijo en su regazo, la tarde cae y todo parece una pesadilla. Ha ocurrido todo tan rápido. Tan sólo hace unos días, Jesucristo era recibido por los habitantes de Jeusalén con palmas entre gritos de alegría y proclamandolo su rey. El jueves había sido arrestado y el viernes enjuiciado y ejecutado cruelmente.

María con su hijo en sus brazos, cierra los ojos por un momento y recuerda aquel momento gozoso de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel la encontró sola en su habitación y le dío la gran noticia de que había sido elegida por Dios para ser Madre del Mesías, del salvador de la humanidad. Recuerda, con gran ternura, a su pequeño hijo dentro de su vientre y los nueve meses de gran alegría en su convivencia intima con el Niño Dios en su seno; la visitación a su prima Isabel, el nacimiento en Belén en un pobre pesebre y tantos y tantos momentos de la infancia de Jesús.

Parecía que fue ayer que llevaba a su pequeño Jesus al templo para presentarlo al Señor y cuando escuchó las palabras proféticas del viejo Simeón: ´Mira, este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a tí misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al decubierto las intenciones de todos.(Lc. 2, 34-35)

María abre los ojos al recordar estas palabras y experimenta en carne viva la espada de dolor que atravieza su corazón. Las lágrimas que descienden por sus suaves mejillas y prefiere traer a la mente las imágines de Jesús predicando entre la muchedumbre, realizando grandiosos milagros, curando a los enfermos y llevando la paz y la alegría a todos los hombres. Por un instante ve a su Hijo en la cruz, refiriendose a San Juan y a todos nosotros y diciendo: "Mujer he ahí a tu hijo".

Hoy, María experimenta un dolor muy profundo, el dolor de una madre que pierde a su hijo amado. Ha presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo la alienta una gran esperanza sostenida por la fe. María vio a su hijo abandonado por los ápóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminado descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el Monte Calvario, donde finalmente presenció la agonia de su muerte en una cruz, clavado de pies  manos. y a pesar de este dolor intenso, María confía ciegamente en la Resurrección de Jesucristo, su Hijo y Nuestro Señor. María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos. 

Cuida tu fe
Antes de morir y en presencia de María y de Juan, Jesús le dijo a su Madre: "Mujer ahí tienes a tu hijo" luego le dice al discípulo: "ahí tienes a tu Madre" (jn. 19, 26-27) Es así como Jesús nos deja a su Madre a todos los cristianos. Jesús quizo compartir a su Madre con todos nosotros, quiere que acudamos a Ella como Madre. María nos ayuda y auxilia en todo. Ella siempre está pendiente de nuestras necesidades, como nuestra madre. Todas las gracias y dones que Dios nos da pasan por sus manos, y todas nuestras intenciones y peticiones , Ella las presenta ante Dios. Podemos y debemos confiar en María y pedirle que nos acompañe en nuestros sufrimientos.

Acompañemos a María en su espera paciente y dolorosa de la venida de Cristo resucitado. Es Ella quien con su compañia, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios y pidamosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo en nuestros brazos, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprendamos que en el dolor somos mas parecidos a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.

A ponerle ritmo
.Rezar el rosario frente a la Virgen Dolorosa.
.Llevar flores a la Virgen para consolarla.
.Cantar a la Virgen en familia algún canto mariano

Algo que no puedes olvidar 
.Dar el pésame a la Virgen es unirnos en su dolor y sufrimiento por la pasión y muerte de Jesús.
.A pesar de las dificultades, María cumplió siempre con lo que Dios le pidio, desde la Anunciación hasta el Calvario.
.Jesús comparte con nosotros a su Madre para que acudamos a Ella en las alegrías y dificultades de la vida.
.María es nuestra Madre y nos acompaña siempre en los momentos de dolor.
.Ella ha sufrido antes por todos nosotros al pie de la cruz.
.La Virgen María siempre está pendiente de nosotros, de nuestras necesidades.
.La virgen presente ante Dios Nuestras oraciones.

                 "Madre mía, enseñame a imitarte en el dolor"

    

 



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