Por sacrificio se entiende la ofrenda hecha a la deidad, de un don perceptible por los sentidos, como manifestación externa de nuestra veneración, que tiene por objeto alcanzar la comunión con esa deidad.
En sentido estricto, esa ofrenda no se convierte en sacrificio si ese don visible no sufre una transformación. Casi todas las religiones desarrolladas en el mundo, aceptan el sacrificio como elemento esencial de su culto.
Para el cristiano, el sacrificio es parte de la ascética que significa pulimento, o refinamiento del espíritu. Esta práctica tiende a desarrollar y fortificar la energía moral, y su objetivo es la perfección cristiana que conduce a la persona a su fin último: la unión con Dios.
Esta especie de lucha moral, consiste ante todo en atacar y eliminar los obstáculos, o tendencias negativas, es decir, despojarse del hombre viejo para revestirse del hombre nuevo que se asemeje a su Creador.